Estar vivos implica inevitablemente vivir pérdidas que traen consigo duelos. Vivimos el duelo cuando algo cambia en nuestras vidas y no podemos volver a la situación anterior: aquella en la que nos sentíamos seguros, esperanzados, cómodos, estables.
Desde aceptar que Santa Claus o el Niño Jesús no existen, hasta aprender a vivir con sueños no cumplidos, rechazos laborales o académicos, divorcios, mudanzas, pérdidas de vivienda, separaciones, despidos, enfermedades que limitan el cuerpo, situaciones que transforman para siempre nuestra visión del mundo y de las personas, etc. Son innumerables las razones por las que se puede vivir el duelo.
Por supuesto, el duelo más reconocido: la pérdida de un ser querido. Pero en esta ocasión te hablaré en mayor profundidad sobre:
Los duelos que en sociedad nos negamos a reconocer.
Muchas personas viven duelos profundos sin que la sociedad los reconozca como tales. Si la pérdida no involucra la muerte de un ser humano, a menudo se minimiza o se inválida el dolor. Y sí, si hablamos de muerte, tiene que ser la de una persona, porque las muertes de las mascotas que, aunque también son miembros de la familia, no son reconocidas como razón válida para sentirnos profundamente afectados.
En el caso de la muerte de mascotas y otros duelos de la vida no relacionados a la muerte, el doliente puede sentir vergüenza, incomprensión, culpa o incluso puede verse atacado y ridiculizado por su dolor, teniendo esto como consecuencias:
Decidir silenciar su proceso emocional.
Que el dolor aumente.
Que sienta incomprensión, aislamiento y desesperanza.
Incluso en circunstancias de mayor complejidad se puede vivir traumatización o retraumatización, entre otras cosas.
¿Por qué duele tanto si nadie ha muerto?
Porque no hay aceptación, comprensión, apoyo ni compañía de otros.
Porque algunas situaciones son tan definitivas, inesperadas y devastadoras como una muerte. El duelo aparece porque algo que nos daba esperanza, estabilidad o identidad ha desaparecido. Nos duele perder la inocencia, la fe en un futuro prometido o incluso simplemente porque sentíamos que merecíamos aquello que el destino no nos concedió.
El duelo es único e intransferible
Cada persona vive el duelo a su manera. Su duración y profundidad dependen de múltiples factores: experiencias previas, tipo de apego (Harris, D. L, 2019), entorno familiar, lo que representa esa pérdida en la vida de la persona, cultura, sociedad, etc.
Generalmente, el dolor disminuye con el tiempo, aunque no desaparece por completo. En el caso de una pérdida por muerte, muchas personas logran adaptarse en el plazo de un año (Mughal S, Azhar Y, Mahon MM, et al.2023), lo que no significa olvidar, sino aprender a vivir con la ausencia y/o con el dolor que esta trae.
Es importante observar si el duelo interfiere gravemente con la calidad de vida. No es lo mismo llevar un dolor en el corazón y seguir disfrutando de algunos aspectos de la vida, que permanecer atrapado en el sufrimiento, sin avanzar. Si este es el caso, lo mejor es acudir a un psicólogo o psiquiatra que te apoyen en tu proceso.
ATRAVESÁNDOLO.
No hay atajos. La única forma de salir del duelo es atravesándolo. Si nos rehusamos a vivirlo conscientemente, corremos el riesgo de prolongarlo y profundizarlo.
Algunas formas de afrontarlo incluyen:
Sentir el dolor sin bloquearlo ni negarlo. Permitiéndose vivir la gama de emociones.
Hablar sobre la pérdida con personas de confianza.
Expresarse a través del arte: escribir, pintar, cantar, etc.
Cultivar la autocompasión.
Entender que seguir adelante no significa olvidar ni desvalorizar lo que ya no está.
Buscar apoyo en personas que han vivido situaciones similares.
Escribir en un diario personal.
Buscar apoyo de un profesional: psicólogo o psiquiatra.
Se atraviesa el duelo poniendo en práctica todas las actividades anteriores, o solo algunas de ellas, o incluso otras distintas. El camino es muy individual y es decisión propia la manera de transitarlo.
Cada camino es único. A veces, no se necesita ayuda profesional. Pero en otras ocasiones, el sufrimiento se vuelve una constante y sobrepasa nuestra capacidad de afrontamiento y es ahi cuando algunos buscan alternativas nocivas como el alcohol, las drogas o conductas impulsivas y riesgosas, etc.
En estos casos, es fundamental buscar ayuda especializada.
"Lo que no te mata te hace más fuerte".
Esta frase muy repetida no parece ser acertada. No es nada fácil reconocerse más fuerte después de la pérdida, pero en ciertas ocasiones es posible resignificar el dolor vivido y darse cuenta de que ha surgido resiliencia donde antes había incertidumbre y temor.
No todo está perdido:
1) Aunque doloroso y profundo, el duelo puede ser el elemento transformador y que nos enseñe a ser más flexibles. No se trata de asignar una escala de valor a las distintas experiencias para decidir si merece o no nuestro dolor, sino de reconocer la existencia de nuevas posibilidades debido a la ausencia de las situaciones anteriores y así aceptar que el cambio es la única constante en la vida.
2) El aprendizaje y el crecimiento personal pueden también surgir del duelo, brindándonos una mirada más profunda de la vida o tal vez mostrándonos que podemos permitirnos sentir el duelo y luego seguir cada vez con mayor resiliencia.
¿Por qué es tan duro sentir duelos no relacionados a la muerte?
Porque en sociedad no se nos permite sentirnos triste. Vamos por la vida creyendo que en todo momento debemos rebozar en felicidad y prosperidad y que si no es así entonces estamos mal de la cabeza.
Pero la tristeza y la nostalgia son emociones muy humanas y como los humanos complejos que somos, podemos sentir ambas y otras cuantas al mismo tiempo y además aun así, podemos sentir que vivimos una buena vida.
Un ejemplo de esto es el duelo que se vive al ver crecer a los hijos. Aunque con inmensa alegría y amor se les vea prosperar, hemos dejado de tener en brazos a esa pequeña niña o ese pequeño niño y eso a muchos nos duele y nos genera duelo por la vida que ya ha dejado de ser sin que eso signifique que somos infelices o que tenemos una mala vida.
Vivir duelos es solitario. Si muchos ni siquiera están dispuestos a reconocer que otros viven duelos que tal vez ellos no vivirían, mucho menos van a creen que se puede vivir por meses, años o incluso toda la vida guardando el duelo en el corazón.
Nadie te preguntará si estás bien un año después de la muerte de alguien. Si te divorcias y tus hijos crecen con padres separados, nadie querrá saber si aún sufres por eso.
Si tu casa se ha quemado y con ella toda evidencia de tu vida, cuando vivas bajo otro techo, seguramente muchos asumirán que ya no te afecta porque a parte creemos que aunque el curso de nuestras vidas cambie para siempre, luego de un tiempo supuesto por cada quien, debemos hacer "borrón y cuenta nueva".
Mi experiencia en el tema:
Yo he perdido seres amados pero también he vivido muchas "pérdidas" no relacionas a la muerte. Y sí, digo "pérdidas" entre comillas porque últimamente he empezado a mirar ciertas situaciones de mi vida como un cambio, enorme sí, pero como cambio y no como pérdida.
El simple hecho de cambiar la palabra lentamente me ha ayudado a desprenderme del dolor, del sentimiento de injusticia, de sentirme víctima, del peso en el estómago y en el corazón.
Nuestros pensamientos forman parte esencial de la manera en la que vivimos los duelos de la vida. Empezando por la palabra "pérdida", que nos indica que nos falta algo y desde ese sentido de carencia a veces no lleva a sentirnos víctimas indefensas, incapaces de cambiar nuestra situación porque el destino ha decidido por nosotros.
Curiosamente verlo como un cambio me ha facilitado la aceptación de los cambios que esas "pérdidas" han traido a mi vida. Se empezó a sentir como algo natural, que debía suceder porque los cambios son la única constante. Y dejó de sentirse como una gran estafa de la vida en la que yo no recibí aquello que se me había prometido. He dejado de sentir que me han arrebatado algo que era mío, porque en realidad nada nos pertenece.
Espero mis palabras te lleven un paso adelante, hacia la resiliencia. Si mis palabras no te sirven, por favor no lo tomes personal, mis artículos son mi opinión, reflejo de mi experiencia de vida y uno que otro dato citable.
Si quieres comentar algo, puedes escribirme a info@nancyjecklin.com o en Instagram @nancy.jecklin
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Harris, D. L. (2019). Non-death loss and grief: Laying the foundation. En D. L. Harris (Ed.), Non-death loss and grief: Context and clinical implications (pp. 7–16). Routledge/Taylor & Francis Group.
https://doi.org/10.4324/9780429446054-2
Mughal S, Azhar Y, Mahon MM, et al. (Actualizado 14 de noviembre de 2023). Grief Reaction and Prolonged Grief Disorder. National Library of Medicine. Recuperado el 8 de marzo de 2025. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK507832/
NOTA IMPORTANTE: Espero encuentres en mis publicaciones una herramientas más para tu bienestar. Sin embargo es necesario que tengas presente que nada de lo que publico tanto en mis redes sociales como en esta página y/o en el presente artículo pretenden ser un sustituto a la terapia psicológica. Si sientes que algo en tu vida no marcha bien o podría ser mejor, no dudes en consultar con un psicólogo o siquiatra que te apoye en tu camino.
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